
Se me quedó la vida colgada de aquel portal, desde que cruzaste la puerta y no regresaste más. Te vi perderte en la calle sin siquiera imaginar que aquella espalda alejándose era mi forma de llorar. Dijiste "vuelvo enseguida" con tu manera de hablar, y todavía estoy oyendo tu voz al cerrar. Y aquí sigo esperándote, aunque se cansó el reloj, aunque los años me digan que ya se acabó. Porque nadie vino a decirme si el cielo te llevó, y mientras no tenga respuestas seguiré siendo de los dos. Escribo cartas por las noches que jamás podré enviar, les pongo fecha y tu nombre... pero no un lugar. Las guardo dentro del cajón donde duerme tu olor, por si el destino un día vuelve a traerme tu voz. Y si preguntas por mi vida si me puedes escuchar, diles que sigo en la puerta... sin aprender a cerrar.

