
Cuando cae la tarde tibia en Santiago del Estero y la siesta se hace sombra debajo del limonero, yo me siento entre juguetes olvidados por ahí porque el mundo se hace chico si los tengo junto a mí. Estribillo Y si un día no me vieran, miren bien alrededor, voy a estar en cada risa, escondido en su canción. En la ronda, en la vereda, en la hamaca y el sol, los abuelos nunca se van… se quedan en el corazón. Estrofa 2 Bautista en mis brazos duerme con la tarde de algodón, mientras Matilde y Maia inventan cuentos sin reloj, Paloma corre en el viento persiguiendo un barrilete, e Isolina me pregunta si las nubes tienen suerte. Estribillo Y si un día no me vieran, miren bien alrededor, voy a estar en cada risa, escondido en su canción. En la ronda, en la vereda, en la hamaca y el sol, los abuelos nunca se van… se quedan en el corazón. Estrofa 3 Jugamos a las escondidas, yo cuento hasta treinta y tres, aunque siempre hago trampa para poderlos ver, sus manitos en las mías son mi modo de rezar, Dios me presta estos momentos para volver a empezar. Estribillo Y si un día no me vieran, miren bien alrededor, voy a estar en cada risa, escondido en su canción. En la ronda, en la vereda, en la hamaca y el sol, los abuelos nunca se van… se quedan en el corazón. Estrofa 4 Cuando crezcan y la vida los apure a caminar, si el silencio los asusta o no saben dónde estar, cierren fuerte los ojitos que allí me van a encontrar… en el patio de sus sueños yo los voy a esperar. Estribillo final Y si un día no me vieran, miren bien alrededor, voy a estar en cada risa, escondido en su canción. En la ronda, en la vereda, en la hamaca y el sol, los abuelos nunca se van… se quedan en el corazón… se quedan en el corazón

