Verdes como la aceituna eran tus ojos morenos, y cuando tú me mirabas se paraban los luceros. Por la calle de la feria te vi cruzar una tarde, con mantilla y con claveles quemando hasta el mismo aire. Ay, ojos verdes del alma, bendita fue mi condena, porque en una sola noche me llenaste de cadenas. Ay, qué manera de amar, ay, qué manera de herirme, que todavía sigo preso desde el día en que te fuiste. La guitarra en la taberna llora coplas de amargura, mientras yo bebo despacio por curarme esta locura. Y la luna por Triana sabe bien lo que he callado, que tu nombre va conmigo como fuego atravesado. Y aunque pase toda una vida sin volver a tu ventana, seguirán tus ojos verdes alumbrando mi nostalgia. Ay, ojos verdes del alma, bendita fue mi condena, porque en una sola noche me llenaste de cadenas. Ay, qué manera de amar, ay, qué manera de herirme, que todavía sigo preso desde el día en que te fuiste.