
[Verso 1 – voz principal, ritmo constante, tono firme] Salimos al recreo y todos gritan sin razón, uno empuja al otro, se corre sin dirección. Alguien me gritó “¡te toca, ya te la quedaste!”, pero no sé qué tengo ni cuándo se me desate. Se esconden en lugares donde no cabe mi cuerpo, yo prefiero caminar y mirar lo que observo. Doy vueltas en el patio porque eso me da calma, pero me dicen “eres raro”, como si eso diera alarma. [Estribillo – coros doo-wop como voces de niños insistentes] “¡Corre!”, “¡corre!”, “¡corre ya!” “¡Pégale!”, “¡grita!”, “¡no pares más!” Pero yo no quiero jugar así, yo no grito porque sí. No me gusta que me empujen, ni correr sin que se escuchen. [Verso 2 – voz principal, más rápido, tono seguro] Me dijeron que no juego si no quiero brincar, pero nadie explicó por qué no puedo solo estar. A veces camino en círculo o me siento a dibujar, y si alguien quiere hablar, me gusta escuchar. No estoy enojado, no soy malo ni distante, solo tengo otras formas de estar interesante. Si me das un tema claro, me meto en el papel, pero no entiendo por qué correr es el deber. [Estribillo – coros + voz principal] “¡Corre!”, “¡brinca!”, “¡que te la pegué!” yo mejor les dije “gracias”, y me quité. Me senté junto al árbol sin hacer escándalo, y vi una fila de hormigas cargando pan del otro lado. [Verso final – reflexión lenta con ritmo estable] No quiero jugar así, pero sí quiero jugar, solo no me gusta que griten sin parar. Hoy no fui parte de su ruido ni su plan, pero estuve tranquilo… y eso también está bien.

