
[Verse 1] Abrí el clóset como quien busca un dios, una caja con cintas y polvo feroz. Ahí estaba, mi primer altar: el NES envuelto en olor a hogar. Cables como venas, controles vencidos, la infancia guardada entre juegos vencidos. Lo tomé con manos que ya no caben, como si al tocarlo el mundo se calme. [Chorus] Y encendí la tele como quien reza, soplé el cartucho con torpeza y destreza. No busco consuelo ni perfección, solo una pantalla que escupa emoción. [Verse 2] La risa fingida de un comercial, la consola silente, ritual ancestral. Pegué el botón como quien revive, y en la pantalla… ¡mi vida en declive! El fontanero seguía saltando, el dragón pixelado seguía esperando. Y yo, más viejo, más terco, más frío, jugando al niño que nunca se ha ido. [Bridge] No soy un héroe de glitch ni consigna, soy el que perdió en la primera liga. Aprendí que los jefes no son sprites, son dudas, trabajos, amores y fights. Subí mi XP en silencio y sin cheer, y guardé mis logros en carpetas .zip. Pero aquí, con Start y sin disculpa, puedo morir feliz… si pasa la culpa. [Chorus Final] Y encendí la tele como quien grita, “¡no fui tan inútil, al menos compita!” La infancia no vuelve, pero da calor, como un viejo NES... que aún vibra el motor.

