
[Blow to Start] Estaba en una caja, junto a un VHS, con un cable mordido y olor a stress. Lo saqué con cuidado, sin mucho ritual, ni lágrimas, ni drama… solo era funcional. Soplé el cartucho porque así funcionaba, como si el polvo obedeciera el karma. Lo metí en la ranura con precisión, y como buen autista, sin desviación. Blow to start, no hay que explicar. Es un reflejo lógico, como apagar pa’ reiniciar. La pantalla chispeó, se puso en canal tres, estática bailando, sonido en inglés. Salió el logo azul con música grave, y supe que el mundo aún era salvable. La tele crujía como si respirara, el control temblaba sin tener vibradora. Y yo en el piso, sin parpadear, esperando el “Press Start” como señal nuclear. Blow to start, es mi ritual. Ni rezos, ni yoga, nomás soplar y conectar. El botón A seguía siendo el jefe, el B me traicionaba si no lo apretaba leve. Select no servía en todos los juegos, pero yo lo presionaba… por si acaso, luego. Start era ley. Pause era refugio. Reset era escape cuando fallaba el orgullo. Blow to start, así aprendí. A fallar sin culpa, y a reírme de mí. Una vez soplé con fuerza extrema, y el cartucho voló directo a la antena. Rebotó en el mueble, cayó sobre el gato, y desde entonces jugamos por contrato. Mi mamá gritó: “¡A comer ya!” Yo dije: “En cuanto Bowser se deje matar.” Pero Bowser traía lag, o era mi pulso… y acabé comiendo sopa con impulso. Blow to start, es filosofía. La vida no empieza sola… se sopla con energía. Y si algún día me ves desconectado, no estoy triste, solo estoy reseteando. Pongo pausa mental, cambio el canal, y vuelvo al nivel donde todo era real. Blow to start, no es nostalgia. Es el lenguaje de mi infancia.

