
[Verso 1 – ritmo rápido, estilo rock honesto] Me paré temprano, vi mi lista de tareas, pero solo verla me dejó sin ideas. Quiero empezar, pero no sé con qué, y si intento una cosa, me pierdo de a pie. Escucho en la cocina: “¡Apúrate, ya es tarde!”, y yo sigo aquí, sentado, como si no entendiera el parte. No es que no quiera moverme del sillón, es que tengo cien pensamientos en un solo renglón. [Estribillo – coros estilo regaño caricaturesco] “¡Levántate!”, “¡ponte las pilas!” “¡Tienes todo el día y sigues en babosadas!” Pero nadie pregunta qué tengo en la cabeza, solo ven que no me muevo y me gritan con certeza. [Verso 2 – más rápido, casi rap, mentalmente saturado] Quiero lavar los platos, después hacer la tarea, responder los mensajes, salir sin dar pelea. Pero cuando lo pienso todo al mismo tiempo, mi cuerpo se congela y no encuentra el intento. Sé lo que hay que hacer, me lo sé de memoria, pero mi mente no obedece ni aunque vea la noria. Y si me presionan, se me cierran los canales, como si me apretaran los botones principales. [Estribillo – más firme] “¡Ya ponte a hacer algo, caray!” “¡Qué flojera la tuya, no das más!” No es flojera, no es relajo ni cinismo, es que mi forma de empezar no es la de los demás. [Verso final – reflexión clara, más melódico] Estoy cansado, pero no por no hacer, sino porque mi mente no para de correr. Si me ayudas a dividirlo en partes, empiezo, pero si solo gritas… retrocedo el proceso. [Final – frase firme y sincera] No es flojera… es pensar sin descanso.

