Carta marcada Como un partido de truco es la vida, algún tanto mintiendo sacas, pero al fin perdes la partida si la mano viene siempre cambiada, y nunca una buena ligas. Si el envido de tu juventud raspando con veintiséis lo pasas, es muy poco con un dos con una sota, un cuatro de copas, esa mano poderla ganar. Después vendrán muchas mas pero como dados cargados, si la suerte algún punto te da, lo perdes a la mano siguiente y de nuevo volves a empezar. Así van pasando los años y te espera la mano final. El cuatro y el ancho de bastos, con el siete de oro, temblando en tus manos están. De puro cagon el envido no das. Te jugas para el truco tu suerte final. Pero el siete y el ancho de espadas se clavan en tu cuerpo, con saña animal. Con el último suspiro, pedís la revancha, Y mientras la muerte te saca el puñal entras en un túnel de luz, y el as de oro crees divisar pero esta vez ni al culo sucio podes ya ganar. Perdiste hermano, no supistes jugar te creistes banca y eras punto nomas. Las cartas no son tuyas y están marcadas y es muy triste darse cuenta dos minutos antes de la mano final.


