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“No tres, solo uno”

[Intro] Encontré algo que no estaba buscando. O quizás... me encontró a mí. [Verso 1] Dicen que son tres, como si tres fueran mejor, como si multiplicar las puertas hiciera más fácil la elección. Pero cada deseo mueve una piedra, y nadie sabe qué sostenía detrás. Pides que cambie una pieza... y tal vez cambias todo el tablero al jugar. [Pre-Chorus] Entonces pensé: ¿por qué tres? ¿Por qué tentar tres veces a lo que todavía no conozco? Si voy a tocar el hilo... que sea una sola vez. [Coro] No tres, solo uno. Uno basta para alterar la dirección. No tres, solo uno. Una grieta puede cambiar toda la construcción. Porque desear es decirle al mundo: esto que me diste no alcanzó. Y todavía no sé si tengo derecho a corregir algo que aún no terminó. [Verso 2] Podría dejar la lámpara cerrada, seguir exactamente por donde iba ayer. Aceptar cada curva del camino, no preguntar qué pudo haber después. Tal vez eso sería respetar el destino. No tocar. No pedir. No intervenir. Pero entonces apareció otra pregunta: ¿y si encontrarla también estaba escrito para mí? [Pre-Chorus] ¿Y si el destino no es una línea? ¿Y si también sabe ofrecer? ¿Y si rechazar esta puerta fuera la verdadera forma de desobedecer? [Coro] No tres, solo uno. No por miedo. No por moderación. No tres, solo uno. Porque basta una palabra para dividir un antes de un después. Quizás no desear sea dejar al río correr. Quizás desear... sea precisamente lo que el río vino a ofrecer. [Bridge] Y ahora la tengo entre mis manos. Silenciosa. Esperando. Sin decirme qué hacer. Qué extraño poder: tener permitido cambiar cualquier cosa... y descubrir que lo más difícil es decidir si debo querer. [Solo] [Instrumental] [Verso Final] Quizás el verdadero peligro nunca estuvo dentro de la lámpara. Está aquí. En saber que puedo pedir. Porque antes de tener la posibilidad, yo sólo tenía mi vida. Ahora tengo también la sombra de otra. La que podría existir si digo una sola palabra. [Coro Final] No tres, solo uno. Uno que valga el precio de saber. No tres, solo uno. Y quizás nunca llegue a escoger. Porque hay deseos que abren caminos. Otros los hacen desaparecer. Y existe una última posibilidad: que el destino haya puesto esto en mis manos... no para obligarme a pedir, sino para descubrir qué habría elegido hacer. [Outro] Tres deseos eran demasiados. Uno... ya parece infinito.