Un brindis de lata en el asiento de atrás, no hace falta el lujo si conmigo estás. La ciudad se mueve, el tiempo se frena, tu risa es el faro que apaga mi pena. Entre baches y sueños, el viaje empezó, y el mundo en tu cara se resumió. De un bar de luces verdes a un concierto sin fin, perdiéndonos siempre, sacándote un "sí". Con un trago en la mano y el alma encendida, bailamos el caos de nuestra propia vida. Porque mi lugar favorito no está en un mapa, es ese refugio que bajo tu brazo me atrapa. Da igual si es el eco de una antigua ciudad, o un brindis sencillo por la eternidad. No importa el destino, ni el rastro, ni el frío, si el suelo que pido... es tu paso y el mío. Subimos peldaños de piedra y de sol, dibujando historias bajo el arrebol. Tus ojos me miran, mis brazos te cuidan, son marcas de tinta que no se me olvidan. Del ruido de gente al silencio en la piel, contigo el destino siempre sabe a miel. Y aunque pasen los años y cambie el paisaje, tú siempre serás mi mejor equipaje. En cada sonrisa, en cada mirada, me siento en casa, no me falta nada. Porque mi lugar favorito no está en un mapa, es ese refugio que bajo tu brazo me atrapa. Da igual si es el eco de una antigua ciudad, o un brindis sencillo por la eternidad. No importa el destino, ni el rastro, ni el frío, si el suelo que pido... es tu paso y el mío. Un coche, una ruina, un mojito y tu voz... El mundo es gigante, pero solo somos dos. Solo nosotros dos. (Brindemos de nuevo).